Danna





25 de Septiembre 2008


A mi padre: (¿Qué no ha sido dicho aún?)


Este es el cumpleaños más esperado del año, hace exactamente uno mi madre se preguntaba, como entre broma y una seria congoja, qué sería de tu cumpleaños, porque ya sabes ¡son los sesenta! (qué buenos tiempos aquellos…, dirá algún Hippie). Tal vez una bonita reunión en el “club” en Manizales (nótese que no dije el club de Manizales, lugar que no fue siquiera contemplado, por no tener allí nosotros ninguna clase de apego, y por ser un lugar poco frecuentado, ¿hace falta decir que por nosotros?), así pues, no se trataba en primera instancia de ninguno otro candidato que el “club” de Torres.
En últimas lo más interesante no era en qué lugar podía realizarse el festejo, porque ni tú ni nosotros somos de tanta pompa ni boato, el asunto más problemático era a quién invitar, porque a pesar de que tu digas continuamente que tienes pocos amigos, nosotros sabemos que hay un montón de gente que te quiere y te sabe su amigo.  
Bueno, hasta ahí sin contar con lo que tu siempre nos has hecho entender como lo más importante, la familia; por un lado la tuya (que bastante numerosa es), que si bien no la tiene uno del todo ganada sólo por su condición de familiar, tú bien haz sabido ganarte un buen lugar entre los Sánchez y los Toro; y por otro lado la nuestra, que te robaste, o que arrobaste con todas tus magias. Por último había que tener también en cuenta a tus amigos cercanos y no tanto, los colegas y ex colegas, los conocidos, y los que quisieran conocerte en persona (que es mucho más emocionante que conocerte sólo a través de tus artículos, escritos y poemas publicados), ahí sí se enamorarían de este hombre hermoso que nosotros vemos todos los días, y no de lo que se ve y se entrevé a través del ordenador.
Así pues, en el hipotético de tu fiesta de cumpleaños había tanta gente en lista (y la que faltaba), que desbordaron la capacidad de los lugares imaginados, por eso fue cancelado incluso el hipotético, para evitar los disgustos hipotéticos, de algún posible invitado dejado por fuera en el simulacro de festejo; también un poco para practicar la diplomacia que tanto nos has inculcado, en vista de que no los podíamos invitar a todos, decidimos a ninguno invitar. Y henos aquí, el pequeño núcleo familiar (el más pequeño, pero, sin pretender que algún otro núcleo desluzca, el más importante), estamos aquí para celebrarte, para celebrarnos juntos, ¡salud! Para desearte una vida muy feliz, y para conjurar buenos años venideros, muy buen augurio es que estemos juntos. 









Sául:
Nos pediste que no te hiciéramos ningún agasajo, arguyendo que no eras digno de ello, pero nosotros sabemos que te lo tienes bien merecido, eso te pasa por ser el padre, el compañero y el amigo que eres. Hoy nos reunimos en tu nombre, no para hacer historia, porque la historia se la dejamos a historiadores empecinados como tú, seres de preguntas filosas, de escarbar en la memoria de las gentes, de sonrojar incautos, y de desenterrar parentescos, rastreados hasta otros continentes. Nos reunimos sí para ofrendar esta celebración a los dioses, para agradecerle a la causalidad o a la afortunada casualidad por tenerte aquí, con nosotros, aunque sospechamos que siempre estarás, aun cuando ya la notaría no te entregue certificado alguno de supervivencia.           
A veces nos figuramos que todo está dicho ya, que perogrullada sería repetir cuánto te queremos, que nos alegra ser tu familia, que eres un “ínclito, ilustrísimo, benemérito y nunca bien ponderado” hombre. Todo esto deberías tenerlo bien sabido, pero incluso a magos como tú se les pasa por alto que lo más admirable no es en sí el truco ejecutado, sino que la magia sí existe, que magia es lo que has estado haciendo durante todos estos años. Pero a veces de veras te crees tu imaginario Alzheimer, y olvidas quién eres y qué simbolizas para nosotros. En los últimos días te he visto arrastrar tu existencia, te escucho diciendo que tu tiempo está cumplido, y eso me entristece, pero si fuera más sensata, aceptaría que cada día se cumple nuestro tiempo.
Así, hoy que se cumple tu tiempo, como todos los días, pero especialmente hoy que cuentas 62 años, quisiera no aplazar más palabras. Quiero desearte muy buena vida, recordarte que te quiero, y que de ser necesario te lo recordaré cada diez minutos, si alguna vez olvidas mi nombre y el tuyo, pueda yo tener la paciencia que has tenido tú conmigo.
Para mí sigues siendo un mago, aunque me hayas revelado muchos de tus trucos, uno de los cuales ha sido hacernos libremente sensatos a mi hermano y a mí. Sabemos bien que mi madre y tú están adelantados unas cuantas generaciones, es por eso que a mi no me sorprende que muchos no te entiendan, cómo podrían, si se quedaron varios siglos atrás. Por eso, y por muchas cosas más, me propongo no llorar, como has dicho que haré, cuando no estés, planeo en cambio sonreír cada vez que te recuerde; no voy a rezar un solo rosario, no te pagaré una suite en los pétreos aposentos judeo-cristianos destinados para después de la vida, porque ni con ello podría retribuirte por ser y por estar cuando lo he requerido, sé que no basta, pero: GRACIAS.


Con cariño DANNA
D 25.09.10




Mi padre es el mejor:


Mi padre es el mejor padre del mundo, y tengo pruebas. No se trata aquí de una frase típica de una niña, alabando las virtudes de su padre, tratando de ponerlo por encima de los otros, no solo por la admiración que éste le despierta, sino también porque no solo su padre es el mejor padre del mundo, sino también porque vive en la casa más grande del mundo, su perro es el más feroz del mundo y la madre de ese perro es la hembra más tierna del mundo, tiene el hermano más fuerte del mundo, y la mamá más bonita del mundo. No es éste el caso, porque yo ya no soy una niña, mi casa no es muy grande (he crecido, ya el mundo es un poquito menos grande, y con él, mi casa se ha encogido ante mis ojos), el perro de mi casa es una gallina y la mamá es la hembra más feroz del mundo; y lo demás no vamos a discutirlo, eso es evidente.

Tengo pruebas de que mi padre es el mejor del mundo, y las pruebas están repartidas a lo largo de quince años; además tengo testigos, pero no los necesito, mi testimonio deberá bastar: Sin importar a qué hora, mi padre siempre estaba presto para cuidar de mí, lo desperté muchas veces, con alguna que otra crisis respiratoria, y lo único que le molestaba era que hubiera esperado tanto, que no lo hubiera despertado antes, y luego de correr como loco, me acompañaba hasta la hora que fuera necesario, y se quedaba siempre a mi lado,  con sus hermosas ojeras de oso panda, un poquito acentuadas por el repentino madrugón.  Mi padre siempre ha sido un buen modelo, es un hombre muy bien puesto en su lugar, pero no por eso deja de ser gracioso (con sus apuntes plápanescos y papanosos, nunca olvidaremos la nueva marca de celulares que se inventó, Eric Sonison). Todos los niños lo adoran, y no es para menos, apenas lo conocen, se le cuelgan de la barba; yo lo recuerdo correteando detrás de nosotros, recuero también verlo resbalar y caer varios metros más allá, por culpa del agua que destilaba esa mata, puesta en la baldosa blanca, del recuadro del medio, de la casa del round-point.

Hasta aquí no hay nada que cualquier buen padre no haría por sus hijos, cualquiera podría refutar mi argumento, así como viene, y decir que su padre está a la altura del mío, pero resulta, mi querido amigo envidioso, que la historia no está completa, apenas si empieza. Mi padre es el mejor padre del mundo porque es un padre innato, porque por una razón inexplicable, ha decidido ser padre donde otros han faltado. Aunque yo no tengo la mitad del código genético que debería corresponderme de su parte, él me trata como si su sangre corriera por mis venas (sangre dulce, nuevamente), aunque no es del todo herrado así creerlo, puesto que, como la de mi padre, mi sangre es A positivo. Y más irrefutable aún, es que yo he sido esculpida con su presencia, que tengo cosas de él, que por fortuna ha tenido a bien trasmitirme, yo espero que haya legado en mí la profesión de escritor (profesión que tiene, pero no se la quiere creer).

Hace muchos años, cuando yo contaba cuatro (tal vez más, tal vez menos), mi hermano y yo hicimos una petición, casi cruel, a mi madre; pedimos, ofreciendo a cambio nuestros regalos de navidad, un papá, ella, después de reponerse del sobresalto, nos respondió: “Pídanselo al niño dios”, y nosotros después de deliberar en una esquina no muy alejada del parque, regresamos para refutar de la siguiente manera, y en coro: “No, porque de pronto nos lo trae de juguete”; no es una ocurrencia de sorprender, con los niños de estos tiempos, lo sorprendente es que el regalo nos fue concedido; bueno, eso, sino casualidad afortunada, no es aún un prodigio de alabar, lo realmente extraordinario es que nos hubiera tocado el mejor papá del mundo.

Danna 14 de Junio 2008








Para ti, papá

Los poemas se desvanecen en mis manos, las palabras amables se obscurecen, combusten de repente, se hacen carbón y ceniza en mis labios, pero hoy seré yo quien traicione a mi subconsciente, voy a decir, si me lo permito, lo que quiero y no puedo decir (porque he de decir que no es adrede mi frialdad), quiero y no puedo decir, te quiero, te agradezco, te respeto, te admiro; será entonces la acusada de este impedimento mi memoria, que como dijo Saramago “es susceptible y no le gusta ser pillada en falta, tiende a rellenar los olvidos con creaciones de realidad propias”, y la mía, creativa como es, dibuja; son recuerdos, impresiones imprecisas de haberlo dicho todo cuando en cambio lo he callado,  sería más sencillo, narrar una historia, donde lo diga todo sin confesarlo, pero es tiempo de darle formas reales a lo que siento, no es fácil evitar que se maquille y se disfrace, parece ser su decisión; por qué es tan difícil descubrirle el rostro?. Para empezar, así su timidez le haga correr a ocultarse, quiero decir que no quiero cortar la manta para darte la mitad, te mereces la manta y mucho más; podría regalarte orgullos, miles de ellos, podré retornarte el tiempo y la paciencia que has invertido, no tienen precio tampoco los pequeños infarto y las rabietas que te he producido y hoy para resarcirme te ofrezco un cuento humilde que no compite contra un poema, pero es lo que puedo dar. No es contradicción darle formas reales a lo que siento, con un cuento, pues formas reales no implican evidentes…
Existe un hombre, el caballero de la alegre figura, osaría llamarle, que a todo niño encanta, es un mago, es un soñador que no sabe de cuentas, es un guerrero cuyas armas son la pluma y la palabra, es un rey (ya no príncipe) de sangre dulce, es un viajero con puerto, es en fin, todo un personaje; le hallamos en el camino, y que bien que los hicimos, amablemente nos ha conquistado, pero aclaro no es un conquistador, es un libertario y no es que estuviésemos oprimidos, pero para desatar estas dos pequeñas mentes eran necesarias dos mentes abiertas: no se limitaron a enseñarnos, nos permitieron escoger.

Gracias por estar,

Te amamos papá


Danna y Diego



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